Una vez más, llego tarde a clase. Cuando empujo las puertas de cristal de la entrada estoy jadeando. Janice me mira con su habitual cara de asco.

-Llegas tarde, Todd- me dice con su voz de pito.

-Cállate la boca, Janice- le respondo. No tengo tiempo ni ganas de aguantar sus gilipolleces esta mañana.

Me dirijo hasta el cuarto de baño y me enjuago la cara en uno de los lavabos. Por fin he conseguido que mi respiración sea normal. Apoyo las palmas de mis manos a cada lado de la pila y me miro en el espejo. Extrañado, empiezo a ver algo poco usual en mi cara. Parpadeo y me concentro un poco más en mi imagen. Tengo la piel verde.

-¿Qué cojones?- susurro.

El espejo se deforma y me veo introducido en un espacio en el que no hay nada más que mi cuerpo y mi reflejo en el cristal. Cuando me quiero dar cuenta estoy flotando. Ya no llevo mi chaqueta de béisbol, sino una especie de traje rojo que se me pega a la piel. Por más que tiro de él, no se despega. Levanto la cabeza y frente a mí veo a un tío verde con el mismo traje que yo, solo que el se ríe a carcajadas con maldad. No consigo gritar ni articular palabra alguna. Me duele la boca de tenerla tanto tiempo abierta. ¿Cuánto tiempo llevo flotando en este sitio?

Un aire fuerte me empuja por detrás y me impulsa al otro lado. Intento resistirme y volver al cuarto de baño, pero es una fuerza mucho mayor a la mía.

Caigo con las rodillas y las palmas de las manos apoyadas sobre la tierra. Es áspera y me causa heridas. El tío verde sigue con su sonrisa maliciosa justo delante de mí. Levanto la cabeza y le miro. Estoy arrodillado ante él.

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