Hay veces en las que pienso en mi blog y me entran muchas ganas de publicar en él. No sé si me pasa solo a mí pero cuando mi mente o alguien me sugiere un plan tiendo a imaginarme en esa situación para responder a la pregunta de si realmente me apetece o no. Así que cuando me imaginaba tal y como estoy ahora, tecleando enérgicamente sobre mi portátil mientras oigo el sonido que producen las teclas cuando mis dedos presionan contra ellas y la tarde comienza a caer, sentía alegría y me entraba la energía que tanto se necesita para llevarlo a cabo. Pero luego mi mente me decía ”¿y sobre qué escribimos?” y las ganas se me venían abajo. Porque durante muchos días me llevo preguntando, ¿sobre qué puedo escribir?

Claro está que en este mes tan difícil mi mente no dispone de energías suficientes como para crear una historia con aventuras, personajes y escenas así que descarté esa opción y me incliné por reflexionar sobre un tema específico. Luego pensé que para ello uno necesita verse en una experiencia que le inspire o rebele, cosa que tampoco me sucede ahora mismo.

Sucedió también en fechas navideñas que me presté a continuar un libro blanco que coincidió con algunos de los eventos más importantes de esas fiestas por lo que el resultado tampoco fue muy grato. Además de aquello, escribí una dedicatoria -recurriendo, como no, a mi querido género epistolar- que tampoco me dejó muy satisfecha. A pesar de ello agradezco mucho a mi club de lectura por conseguir que me sentase en la mesa, bolígrafo y papel en mano, y me pusiese manos a la obra.

Así que así estamos. Por ahora me quedo con que estoy en una fase de reflexión en la que me conformo con hacer meras anotaciones de frases de libros o momentos de mi día a día por si, en el futuro, me ayudan a elaborar algo que me resulte gratificante y me haga sentir orgullosa de mi trabajo.

Milios

 

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